domingo, 17 de diciembre de 2006

Six String Samurai


Posiblemente la mayor sorpresa que jamás me he llevado viendo una película fue con esta cinta (este cd en realidad, me la pasaron pirata en divx y todavía me alegro). Me la recomendó un amigo en base a su argumento claramente divertido y chungoestilo serie B. Os cito las primeras líneas de la cinta (ahora mismo también citadas en el primer medio aniversario de los Reyes Catódicos) para
que os hagáis una idea de lo que me atrajo esta peli:

En 1957, cayó la bomba y los rusos invadieron lo q era América.
Las Vegas se convirtió en el último bastión de la libertad y Elvis fue coronado Rey. Despues de 40 años de rock and roll, el Rey ha muerto. Y cada guitarrista que sabe manejar la espada, incluida la mismísima Muerte, oye la llamada que resuena por la tierras desoladas diciendo: "Las Vegas necesita un nuevo Rey"

¿Podría sonar mejor? Rock and roll, Elvis, espadas, mundo post-apocalíptico... con eso sólo bastaba para mantenerme hora y media disfrutando en mi cuarto. Pero me equivocaba, fui a dar con algo mejor.

¡Era una maravilla! La estética, la fotografía, la banda sonora... todo tenía un encanto que me dejaba boquiabierto. Tiene toques de road movie, escenarios desérticos y de gran belleza, un encuadre genial para la cuidada fotografía de la película. No faltan las escenas de artes marciales y de luchas con espadas, el protagonista no deja de ser un ronin vagando hacia su destino de Rey. El toque a lo Mad Max, con toda una estética post-apocalípitca (muy manida dirán algunos, pero me dan igual esos algunos en este caso) tan divertida como llamativa.

Y luego está la música. La banda sonora (una maravilla que recomiendo a todo el mundo que se consiga, descargue o incluso compre pero ya, jeje) es obra de unos chicos rusos llamados Red Elvises. La música dentro de la película es un elemento clave, sin ir más lejos la Muerte que persigue a Buddy, el protagonista, es un guitarrista de heavy metal y lleva una guitarra eléctrica. No os perdáis el duelo final de guitarras entre Buddy y la Muerte.

Recomiendo esta película a tooooodo el mundo. No a todos les gustará, pero a nadie dejará indeferente.

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lunes, 27 de noviembre de 2006

Regreso al Pasado


Si no has visto esta película, deberías verla sin perder ni un segundo, pero mientras tanto te aconsejo no leer más que los dos primeros párrafos de este post. Hablando el otro día con un colega de Cádiz (¡qué grande eres Pisha!) llegué a una muy egocéntrica conclusión: mi generación, los nacidos desde finales de los 70 hasta casi finales de los 80, vivimos en un paraíso para ser niños. Recuerdo haber tenido todos los disfrutes dignos de una sociedad tecnológica (televisión con series infantiles a diario, un vídeo y películas que me hacían alucinar, videoconsola Super Nintendo con la que jugábamos mi hermana, mis primos, mis vecinos y todo aquel dispuesto a echar una partida) así como de haber disfrutado de todos placeres terrenales que estaban al alcance de mi mano (las canicas, el trompo, jugar en la calle, cazar hormigas y montar combates, partidos de fútbol en placitas de barrio, libros que me hacían soñar y no querer despertar, etc.). Tras esta introducción a mi niñez, y sin ánimo de caer en el manido tópico de que la infancia era la felicidad, la conclusión a la que llegué fue que habíamos nacido en la época perfecta para ser niños. Conforme fuimos creciendo parece que la televisión y la sociedad fue creciendo un poco. Las series infantiles fueron desapareciendo, los contenidos no aptos para menores se fueron haciendo poco a poco con las franjas de tarde (recuerdo merendar viendo telecinco, a los Caballeros del Zodíaco), los niños/adolescentes cada vez salen antes por la noche y se emborrachan y fuman porros y tienen más prisa por dejar de ser niños.

El motivo de toda esta verborrea (la cual puede que sólo tenga sentido
para mi amigo gaditano y para mí) es que cada día me doy más cuenta de que nunca he salido de ese paraíso. Sigo pidiendo batidos de chocolate en lugar de café (demasiado amargo), viendo dibujitos animados antes de acostarme... y durante el día a cualquier hora (algunos incluso son los mismos recuperados gracias al Emule), sigo comiendo chucherías a diario (ahora más incluso, 1 euro no es tanto como cuando tienes 12 años), colecciono más cosas incluso que de crío (deseando estoy que mi prima pequeña me sirva de excusa para coleccionar estampitas de fútbol con ella), los peluches y muñequitos me siguen rodeando y la mayoría de las noches de verano las paso en parquecitos elegidos por sus columpios para hacer un rato el mono. En resumen, como mucha gente que conozco de mi edad o similar, vivo en una suerte de País de Nuncajamás imaginario y colectivo.

Normalmente no escribo tanto en el blog sobre mi vida personal, pero sólo comprendiendo esto se puede entender el efecto que produjo en mí el re-visionado de Regreso al Futuro. Hacía años que no la veía, al menos 6 o 7, creía que no la recordaba y a cada escena me iba anticipando mentalmente y sin darme cuenta a lo que sucedía en la pantalla. Lo más impactante es que la película es tan buena que sigue funcionando. Sigo identificándome con Marty McFly, sigo emocionándome hasta casi saltar de mi asiento cuando lo veo montando en aquel monopatín de madera perseguido por Biff Tannen (¿quién no ha tenido un Biff Tannen en su vida al que querría incrustar en un camión de estiércol?), sigo disfrutando al verlo tocar Johnny B. Goode delante del primo de Chuck Berry antes de que Chuck la compusiera ese mismo año (1955), sigo divirtiéndome al ver a Marty McFly relacionándose con su madre a los 17 años y alucinando sin comprender que esa adolescente alocada sea la misma que vive en su casa. La película me sigue transportando a una montaña rusa de la que me doy cuenta que nunca me he bajado y nunca querré bajarme. Al igual que películas (de las que hablaré algún día) como la saga de Indiana Jones, Willow, La Princesa Prometida, Los Goonies, Los Cazafantasmas; Regreso al Futuro me emociona a los 21 años como me emocionó la primera vez que la vi, me hace soñar con mi propio Delorean con su condensador de fluzo incorporado, con viajes en el tiempo a lugares remotos y con Michael J. Fox, sí, yo he soñado con ser Michael J. Fox en esta película (y en alguna más en realidad, otro día hablaré de ellas...).

Vaya, he intentado hablar de la película y he acabado hablando más de mí que de ella, supongo que es lo que ocurre cuando una cinta va tan ligada a tu vida como ésta, estrenada incluso el mismo año de mi nacimiento.

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Magnolia

El día 6 de agosto de 1981 nació en la zona norte de España (en lo que hoy en día es Cantabria) Enrique Santiago. Ese mismo año se estrenaba la película En busca del arca perdida, alimentando la fantasía de niños y adultos de todas las generaciones, y nacía el grupo gallego de música Siniestro Total. El 23 de febrero de 1981 el teniente coronel Tejero intentaba un golpe de estado fallido en una joven democracia española aún en plena Transición. Un 23 de febrero pero del año 1998 la compañía norteamericana Netscape Communications Corporation anuncia la creación de mozilla.org para coordinar el desarrollo del navegador web de código abierto de Mozilla. El humilde servidor que escribe estas líneas conoce dicho navegador gracias a que hace unos dos años agregó al messenger procedente de un foro a un interesante chaval que firmaba como Chin. Chin, sobrenombre (cuyo origen aún desconozco) de Enrique Santiago, fue el que me pasó el programa Mozilla y me insistió para ver la película Magnolia, película estrenada en el año 1999, el mismo año en que se editó el disco Californication. A dicho disco de los Red Hot Chili Peppers pertenece la canción Otherside, canción que motivó el último post que escribí en este blog hace ya casi un mes. Me gusta pensar que esta es una de esas cosas que no puede ser simple cuestión de azar.


Y hoy, a las 4 y 12 minutos de la madrugada según mi reloj, dejo en este blog constancia de mi admiración por esta película que he visto gracias al cántabro cumpleañero. La película es perfecta. Sin más. La introducción sobre las casualidades es hipnótica casi, las presentaciones y primeras secuencias son tan atractivas que la primera hora y media se te pasa volando. La pelicula te atrapa, funciona como un reloj suizo, todos los elemento se van colocando de forma adecuada sin que lo notes. Al igual que en las historias de la introducción, todo acaba justo donde debe, planificado al milímetro y tú eres testigo sin darte cuenta. Cuando llega el final ves que han pasado tres horas y te han manejado como han querido. Películas como Magnolia, Dogville o Sospechosos habituales son el tipo de película que algún día me querría dirigir y crear, pero tengo la sensación de que sólo seré capaz de crearlas en mi mente, sin ser capaz de plasmarlas en un film. Es por eso que me admiro tanto a Magnolia. Ha sido un placer supremo poder observar una obra de arte en la que todo acaba coordinándose de una manera tan sincronizada y perfecta.
Pasando a otros aspectos, las interpretaciones son maravillosas (¡y eso q he visto la version doblada!), los personajes son reales, profundos y humanos, la banda sonora es una delicia que acompaña a la historia perfectamente (One is the loneliest number that you'll ever do), no en vano surgió la historia a raíz de dichas canciones en la mente del director. Todo sirve a la historia y al tiempo de narracion. Una pelicula de tres horas que me ha parecido que duraba 30 min, se ha terminado y casi no me he dado cuenta. Es más, yo sabía que la película preparaba algo, un algo que se intuye desde la introducción y que justifique la frase "esto no puede ser solo cosa de azar", y ese algo que la película tramaba ha empezado a ocurrir conmigo atrapado en ella y sin darme cuenta. He perdido totalmente la nocion del tiempo a verla, he sido su esclavo desde el minuto 1 hasta el 188. Y eso es mucho más de lo que puedo decir de la mayoría de películas.

PD: hoy es un buen día para visitar el fotolog que compartimos el gran amigo Chin y yo: Los Reyes Catódicos.

PPD: incluyo el videoclip del tema que cierra la película. Disfrutenlo.

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El Show de Truman


Una de las películas más cargadas de sentidos que jamás he visto. Injustamente infravalorada por un sector del público (el odio irracional a Jim Carrey no puede ser un motivo para perderse películas como Olvidate de mí), nos narra la historia de Truman (Jim Carrey), protagonista involuntario de un programa de televisión desde que nació. Su vida entera es una ficción construida alrededor de su persona, incluso su ciudad es un gran escenario en el que todo es mentira. Todo ello está organizado por un solo hombre: Christof (Ed Harris), el creador del programa, cuyo estudio de control está situado en el cielo del gran escenario, en la Luna concretamente.

A partir de ahora, si no has visto la película, te aconsejo no leer más, merece la pena de verdad verla. La película se centra en los sucesos que hacen que Truman se replantee su vida, se pregunte si lo que vive es real. Mediante este desarrollo argumental, observamos un verdadero duelo entre el hombre y el dios. Todo está cargado de simbolismo, Truman vive en una ciudad cargada de fronteras, naturales (una isla rodeada de agua) o ficticias. El dios (juego de palabras con el nombre del creador del programa, Christof), desea mantener a Truman (fonéticamente "hombre verdadero" en inglés, el hombre real en un mundo falso) atrapado en un mundo reducido, controlado y observado desde el cielo. Truman desafía al dios, decide finalmente marcharse de su ciudad en un minúsculo barco, atravesando un mar que se vuelve tormentoso por la ira del dios desafiado. El tópico del hombre en una pequeña balsa en medio de la tempestad para representar la vida se finaliza con un soberbio juego visual. Truman choca con el barco tras la tormenta con el cielo, con el final del plató, del mundo que ha sido puesto ante sus ojos como el único mundo existente. Llega a una puerta y justo entonces oye la voz de su creador: Christof le habla para pedirle que se quede, le ofrece seguir siendo el centro del mundo que él ha creado a su alrededor. Truman se debate entre atravesar la puerta (sólo vemos oscuridad tras ella) o quedarse en el iluminado pero falso mundo que Christof le ofrece. Obviamente se decide por buscar la verdad, atraviesa la puerta y lo perdemos de vista en la oscuridad.

Especial dedicación de este post a Elena Barroso, profesora de Literatura de la Universidad de Sevilla, que me hizo ver esta película con otros ojos.

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Casablanca


¿Qué decir sobre esta película (más que película es un mito ya) que no se haya escrito ya?

Su guión (el mismo que se escribía sobre la marcha y que los actores desconocían) ya ha sido analizado por muchos, más expertos que yo sin duda. La historia es de sobra conocida: Casablanca, un refugio en el Marruecos francés a todos aquellos exiliados en medio de la Segunda Guerra Mundial. Un café regido por Rick, un americano cínico, solitario, un tipo duro aparentemente desengañado de todo y de todos (gran Humphrey Bogart, transmite con una mirada, con un gesto, basta con verlo unos segundos para que llene la pantalla él solo). Este hombre se convierte en la única esperanza de huida a la libertad para Laszlo, un líder de la resistencia antinazi, y su mujer, Ilsa (magnífica Ingrid Bergman), el gran amor de Rick que lo abandonó en París. Rick se ve atrapado entre sus sentimientos por Ilsa y sus principios en una situación extrema (un mayor alemán que representa todo aquello contra lo que Rick ha luchado durante su vida y un jefe de policía francés, el capitán Louis Renault, claro ejemplo del colaboracionismo francés de Vichy).

La historia de Casablanca es un mito moderno, el hombre que renuncia a su propia felicidad, al amor de su vida, a la mujer a la que ama, a la una vida en libertad en los Estados Unidos junto a ella, renuncia a todo ello por sus principios, por ayudar al hombre al que admira, a un luchador por la libertad, un combatiente de la Resistencia. En la encrucijada entre sus propios intereses y los de una lucha mayor que los simples combatientes, elije sacrificarse por un bien mayor. Esa es la moraleja de esta historia, la derrota de un hombre es una victoria para la humanidad.

Y bueno, ya situándome fuera de la película, me siento como Woody Allen en Sueños de un seductor, envidio a Bogart, su pose, su estilo, incluso su forma de dejar marchar a la chica y aún así ser un elegante perdedor (¿cuántas veces no habré deseado ser abandonado por una mujer como Ingrid Bergman en una secuencia como la del aeropuerto?). Esta película, como dije al principio, es más que una película. Es un mito, forma parte del imaginario colectivo, incluso los que no la han visto son capaces de reconocer la canción As time goes by o frases como el "Siempre nos quedará París".

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DVD

Un corto genial con el que más de uno de se sentirá en parte identificado (yo al menos sí). Más información sobre DVD en su página oficial.

Gracias Diana por pasármelo, el lote de reir de hoy es en tu honor.

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Dark City


Dark City es una muy interesante película en la línea de Matrix, aunque no tan espectacular y profunda en referencias e interpretaciones como la cinta de los hermanos Wachowski (Dark City es previa y su influencia se puede apreciar a simple vista, incluso muchos escenarios de Dark City fueron usados en Matrix y la fotografía es muy parecida en ambas películas).

Un hombre se despierta en un cuarto de baño de una habitación de hotel sin recordar nada de su pasado y sin entender su presente. En la habitación el cuerpo de una prostituta asesinada y mutilada yace sobre el suelo. Ahí comenzará su viaje por los escasos recuerdos que conserva y su pasado para descubrir su identidad, mientras que unos misteriosos y poderosos seres llamados los Ocultos (muy parecidos por cierto a los hombres grises de Momo) lo persiguen. Si no has visto la película, deja de leer, voy a hablar de detalles concretos del argumento y no me gusta fastidiar a nadie.

El viaje de este hombre, llamado John Murdock, transcurre atravesando una ciudad en la que nunca sale el Sol y buscando desesperadamente el paraíso infantil dónde se crió, la pequeña ciudad de playa llamada Shell Beach. Durante ese viaje comprenderá que no tiene identidad, ni él ni nadie, sus recuerdos sólo son las máscaras que llevan en un gran teatro organizado por los Ocultos en busca del alma humana. Los Ocultos buscan el alma humana en nuestros recuerdos, desean saber si alguien será un asesino tan sólo con tener recuerdos de asesino.

Al final, John Murdock desarrolla por completo el poder que temían los Ocultos y toma las riendas de la gran representación de la que formaba parte junto a toda su ciudad, cambia las reglas y, como Segismundo en La vida es sueño, decide tomar las riendas de su destino y al menos ser feliz con la mujer que ama más allá de sus recuerdos. La escena final es significativa, junto al último Oculto que sigue vivo y en la oscuridad de un pequeño pasillo decide abrir la puerta hacia el mar y la claridad, hacia el pequeño muelle en el que le espera su amor, decide vivir su sueño sin importar cuán real sea. En la oscuridad del pasillo quedaba el personaje que se convertía en la principal prueba de que todo era "irreal", que fueron extirpados de una vida a la que nunca podrían volver, él da la espalda a esa verdad y prefiere vivir el sueño. Pues como decía el propio Segismundo:

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

A veces, sólo somos recuerdos. ¿Qué importa al fin y al cabo si lo que recordamos fue real o sólo un sueño?

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Una visita relámpago al París de los 70

Este corto, rodado en 1976 con una cámara enganchada a un Ferrari, es una maravilla visual, además de una grabación de lo más arriesgada.

La historia es simple, un hombre en un coche a toda prisa por las calles de una París que amanece en agosto. Tiene una cita en el Sacré-Coeur en Montmartre con una chica. La historia, como ya digo, no puede ser más sencilla.

Lo maravilloso de este corto, lo que lo hace digno de ver, es que está rodado sin permiso, sin extras, es un piloto de fórmula 1 amigo del director Claude Lelouch (o eso dice la leyenda que acompaña a la cinta) el que corre de verdad, atravesando en apenas 8 min y poco más las calles más conocidas de París.

Para todos aquellos afortunados (yo tuve esa suerte en febrero) que han visitado París, podrán reconocer con claridad muchas calles a pesar del tiempo que ha transcurrido desde el rodaje. El Arco del Triunfo, el Louvre, la Ópera, Montmartre. Lugares que forman parte del imaginario colectivo, como ya dije cuando hablé de Rayuela hace un tiempo.

Y ahora, a pesar de estar abusando demasiado del youtube, voy a poner el corto para que todo aquel que lo desee pueda disfrutarlo.


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Memento

Hace poco que volví a ver esta película y la verdad es que no recordaba que me gustara tanto. Aviso que si no habéis visto Memento, no sigáis leyendo.

Un hombre incapaz de crear nuevos recuerdos, Leonard (Guy Pearce) vive sólo para encontrar al asesino de su mujer, John G, y poder cumplir su venganza.

Me encantan las películas cíclicas, las que terminan donde empiezan. Memento es una vuelta de tuerca más, hay dos líneas temporales, una hacia adelante (en blanco y negro) y otra hacia atrás (a color), que acaban confluyendo en el final de la cinta, final en el que se terminan de destapar todas las mentiras. Estas dos líneas paralelas marcan todo el tempo de la película, mejorando visualmente el
paralelismo existente entre los dos personajes que padecen la enfermedad de la memoria: Sammy Jankis, cuya historia nos cuenta Leonard mientras habla por teléfono y transcurre en blanco y negro, y el propio Leonard, cuya historia vemos en color.

En la película nada es lo que parece, un desfile de personajes se sucede antes nuestros ojos: no podemos fiarnos de ellos, de nuestras primeras impresiones, ni siquiera de las impresiones de Leonard, pues a lo largo de la película se irán cayendo todas las máscaras. Natalie (Carrie-Anne Moss) pasará de parecernos una sensible y compasiva camarera que ayuda a Leonard por empatía, a mostrarse como la fría y manipuladora novia de un camello asesinado por el propio Leonard, el cual lo mató pensando que mataba a John G.

Ni siquiera el propio Leonard es lo que parece. El principio de la película nos muestra a Leonard disparando a sangre fría a Teddy (Joe Pantoliano), un personaje que aparecerá durante toda la película para aconsejar a Lenny, como el lo llama, y que al final descubriremos que es un policía corrupto que usa a Leonard para sus propios intereses. Pero la sorpresa mayúscula de toda la película se produce en la charla que casi cierra el film, Teddy le recuerda a Leonard que su mujer no murió, que al dossier de la policía que tiene le faltan páginas porque él mismo se las ha arrancado, que la historia que él atribuye a Sammy Jankis (un caso de la misma enfermedad que él padece que investigó cuando trabajaba en una aseguradora) no es más que una deformación de su propia historia. Leonard sí puede crear nuevos recuerdos, a base de repetirse mentalmente una historia, la de su mujer muerta y el asesino al que sólo él puede encontrar y matar para cumplir su venganza, consiguió tener un objetivo en la vida para seguir adelante. Eso era lo que necesitaba para continuar viviendo, tener una razón, una motivación, un objetivo que seguir. El problema llegó cuando cumplió ese objetivo, cuando encontró al hombre que entró en su casa a robar y violó a su mujer, no cambió nada, siguió sin recordar ese momento
y empezó a construir un rompecabezas que jamás podría completar. Empezó a mentirse a sí mismo para poder seguir adelante.

La reflexión que plantea la película va más allá de la verdad y la memoria, no sólo relaciona lo que tenemos por verdadero con lo que recordamos, no podemos confiar en nuestra memoria, nuestros recuerdos son parciales, nunca exactos; la película acaba centrándose en el hecho de que esos recuerdos, nuestros pensamientos, nuestras reflexiones al fin y al cabo, son lo único que nos aferra a la realidad, una realidad totalmente ajena y que puede no tener nada que ver con lo que nosotros creemos, tenemos que creer que el mundo seguirá ahí aunque cerremos los ojos, que lo que hacemos tiene algún sentido. Todos nos mentimos para ser felices, aunque esas mentiras acaben derrumbándose y la verdad aflore tarde o temprano (hay tres instantes en la película en los que los recuerdos reales de Leonard sobre lo que le ocurrió a su mujer afloran, uno de ellos es cuando acaba de contar la historia de Sammy, se ve a éste sentado en una clínica mental y durante un instante podemos comprobar que quien en realidad está sentado es el propio Leonard; los otros dos instantes los dejo sin nombrar para que los busque quien quiera).

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